Amor y esperanza · 2 MIN DE LECTURA
Seguir a Jesús desde el amor
La vida de fe encuentra su impulso en el amor de Cristo. Una invitación a revisar por qué oramos, servimos y caminamos con Él.
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Podemos hacer muchas cosas buenas y, aun así, necesitar detenernos para mirar qué nos mueve. Oramos, servimos y participamos de la vida de la iglesia. Pero también vale la pena preguntarnos: ¿desde dónde nace todo eso?
En el fragmento de ERJ titulado «No temas a la muerte», el predicador hace una afirmación central: su servicio a Jesús nace del amor. Habla de la esperanza de estar con Cristo y de una relación que no quiere sostener únicamente en el miedo.
Esa idea puede renovar nuestra vida cotidiana. El amor de Jesús nos invita a acercarnos con gratitud. Podemos buscarlo porque nos amó, escuchar su Palabra porque queremos conocerlo y servir porque deseamos que otros reciban el amor que recibimos.
Esto también cambia la forma de mirar nuestras prácticas de fe. Un tiempo de oración puede convertirse en una conversación sincera. El servicio puede ser una manera de amar a una persona concreta. Reunirnos como iglesia puede recordarnos que caminamos acompañados.
El fragmento termina evocando la enseñanza de Pablo sobre el amor de Cristo, que permanece aun frente a la dificultad y la muerte. La esperanza cristiana nos permite vivir el presente sostenidos por ese amor, cuidando la vida que recibimos y compartiéndola con generosidad.
Para llevarlo a tu día
Elegí algo que hacés habitualmente en tu vida de fe. Antes de hacerlo, recordá una razón concreta por la que amás a Jesús y agradecele. Dejá que esa gratitud le devuelva sentido a tu acción.
Para orar
Jesús, gracias por tu amor y por la esperanza que encuentro en vos. Renová el sentido de mi oración y de mi servicio. Enseñame a seguirte con gratitud y a compartir tu amor con quienes me rodean. Amén.
Referencias bíblicas: Filipenses 1:21; Romanos 8:38–39
Equipo editorial ERJ
Adaptación editorial del fragmento compartido por ERJ. No es una transcripción literal.
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