Perdón · 3 MIN DE LECTURA
El perdón se aprende en el camino
La gracia de Dios nos ayuda a reconocer las heridas y a dar pasos de misericordia con verdad.
Sobre las copias sin conexión
Quedan solo en este dispositivo. Podés quitarlas desde Mis lecturas. Si el navegador libera espacio o borrás los datos del sitio, tendrás que guardarlas otra vez.

Hay palabras que seguimos escuchando mucho después de que una conversación terminó. Una decepción puede acompañarnos a la mesa, al trabajo y aun a la oración. Dios no nos pide que escondamos lo que duele. Podemos comenzar por nombrarlo delante de él con sinceridad.
En Efesios 4:31–32, Pablo invita a dejar la amargura y a tratarnos con misericordia, recordando el perdón que recibimos en Cristo. Esa gracia nos da un punto de partida. Antes de mirar lo que otro nos debe, podemos reconocer cuánto necesitamos nosotros el amor paciente de Dios.
Perdonar puede ser un proceso. A veces el primer paso es renunciar a alimentar una respuesta hiriente; otras veces, pedir ayuda para ordenar lo que sentimos. El perdón no exige negar el daño, tolerar el maltrato ni recuperar de inmediato una confianza que fue quebrada. La verdad, los límites y la responsabilidad también tienen lugar en una relación sana.
También conviene mirar nuestras propias palabras. Si fuimos nosotros quienes lastimamos, podemos reconocerlo sin excusas, pedir perdón y procurar reparar lo posible. La misericordia se vuelve concreta cuando modifica nuestra manera de actuar.
Hoy elegí un paso pequeño: hablá con Dios de esa herida, frená una palabra que aumentaría el conflicto o prepará una disculpa sincera. No tenés que recorrer este camino en soledad; podés buscar acompañamiento en la iglesia.
Para pensar: ¿qué paso de verdad y misericordia puedo dar hoy?
Para orar: Señor, gracias por tu perdón. Ayudame a llevarte mi dolor, a reconocer mis errores y a tratar a otros con la gracia que recibí de vos. Amén.
Equipo editorial ERJ
Reflexión editorial basada en los pasajes bíblicos citados.
Compartí una palabra de aliento.
Si esta lectura te acompañó, podés compartirla con alguien.
Seguí creciendo en la fe.
Volvé a la Biblia, descubrí un estudio o compartí tus preguntas.
Explorá los recursos
