Oración · 3 MIN DE LECTURA
Cuando no sabés cómo orar
Podés hablar con Dios con palabras sencillas, llevando lo que agradecés y lo que te preocupa.
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A veces queremos orar, pero las palabras no aparecen. Podemos sentir que deberíamos decir algo más profundo o que otras personas saben hacerlo mejor. Jesús enseñó que nuestro Padre conoce lo que necesitamos y nos invitó a hablar con él con sencillez. Podemos empezar donde estamos.
En Mateo 6:6–8, Jesús hace lugar a la oración en lo secreto y nos aparta de la búsqueda de impresionar. No necesitás preparar un discurso. Podés decir: Señor, esto me preocupa; gracias por aquello que recibí; ayudame con lo que hoy me cuesta. La honestidad tiene lugar delante de Dios.
Filipenses 4:6–7 nos anima a presentar nuestras peticiones con gratitud y habla de la paz de Dios que guarda el corazón y la mente en Cristo. Orar nos permite confiarle lo que llevamos dentro. Esa confianza no obliga a que cada situación se resuelva de inmediato ni convierte el cansancio en una falta de fe.
Podés comenzar con un momento breve y sin distracciones. Agradecé algo concreto, nombrá una necesidad y leé unas líneas de la Biblia. Después quedate un instante en silencio, prestando atención a lo que leíste. Con el tiempo vas a encontrar palabras propias y una manera cotidiana de volver a Dios.
También podemos orar acompañados. Si no sabés cómo empezar, pedirle a alguien de la iglesia que ore con vos puede ser un primer paso sencillo.
Para pensar: ¿qué me gustaría contarle hoy a Dios con mis propias palabras?
Para orar: Padre, acá estoy. Recibí mi gratitud, mis preguntas y mis preocupaciones. Enseñame a confiar en vos y a vivir atento a tu Palabra. Amén.
Equipo editorial ERJ
Reflexión editorial basada en los pasajes bíblicos citados.
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